Hace unos días estaba viendo el programa El objetivo de Ana Pastor. Me gusta porque en él no se dan datos subjetivos ni se critica desde el prisma de una cierta ideología política, sino que se presentan datos objetivos y, cada uno, saca sus conclusiones.
Uno de los datos que analizaban era la transparencia de la administración y de los órganos del gobierno en España. Un ciudadano enviaba una pregunta a uno de los órganos preguntando cuántos coches oficiales tenía el presidente del gobierno. Lo hacía hacia dos direcciones diferentes: un correo a España y otro al Reino Unido. En el Reino Unido le respondieron de inmediato diciendo que dos. Transparencia total. En España respondieron algo así como «como comprenderá, no podemos facilitarle esa información».
¿Hola? ¡Y encima con suficiencia! Es decir, yo como ciudadano pago con mis impuestos un bien público y no tengo derecho a saber quién toma las decisiones de las cosas que me interesan. Y su exquisita educación remata la frase con un «como comprenderá», es decir, llamándome tonto. ¿Qué piensan? ¿Que necesito saber el número de coches oficiales porque soy un terrorista o algo así? Lo dicho, señores, país de pandereta. Y país también en el que la transparencia en cualquier ámbito brilla por su ausencia. Y lo vemos como algo normal, que es lo peor. En Suecia, por ejemplo, su ley de transparencia es de 1766, y este aspecto está muy integrado en su vida diaria. Aquí, aún no tenemos, y cuando tengamos no valdrá para nada.
Todo esto se puede trasladar, como no, al ámbito eurovisivo y de TVE. Antes teníamos nuestras famosas preselecciones digitales, en las que los gerifaltes de TVE decidían a su antojo cuál era la mejor propuesta pare representar a nuestro país en Eurovisión, probablemente animados por algún estipendio que la casa de discos tuviera a bien ofrecerles. Después llegaron las preselecciones y, aunque más democráticas, siempre voló sobre ellas la sombra de los intereses de la discográfica.
Pues bien, nos plantamos en la segunda década del siglo XXI y nos damos cuenta de que la transparencia en TVE sigue siendo una utopía que no va con nosotros. Uno va a ruedas de prensa con los máximos dirigentes de la división de entretenimiento de la cadena y parece que están allí para no contestar a las preguntas. No se da ninguna información sobre qué cantantes han sido contactados en el marco de la búsqueda de representante para Eurovisión. «No podemos dar esos datos». Y yo me pregunto: «¿por qué?» Hoy en día si un cantante quiere no ir a Eurovisión es que aún tiene carrera, ¿no? De hecho hace poco hemos visto declaraciones de Carlos Baute en las que confirmaba que TVE le había propuesto ir a Eurovisión y él había rechazado la oferta.Chenoa también ha declarado que le gustaría ir pero que le da miedo el «politiqueo» del certamen y que quiere tener garantías de que ella tiene la voz cantante (cosa que, por otro lado, TVE no va a permitir jamás).
Pero ¿quién es exactamente quien propone la aventura eurovisiva a los artistas? ¿Por qué no lo sabemos? ¿Es Carlos Mochales? ¿Es su equipo? ¿Hay alguien más? ¿Qué papel juega Federico Llano en todo esto? ¿Por qué no se nos informa de quiénes son exactamente esas personas? ¿Es gente que tiene que ver con el mundo de la música? ¿Siguen las tendencias del Festival de Eurovisión? ¿Analizan los resultados españoles de años anteriores? ¿Hacen estudios sobre el tipo de música del panorama español que podría conseguir más puntos? ¿Por qué no se nos da esta información?
La respuesta, seguramente, sería «es información que no podemos desvelar». Y si preguntamos “¿por qué?”, la respuesta sería «porque no». Claro, esto es España, los servicios públicos tienen información confidencial (que no perjudica ni beneficia a nadie), pero no se puede desvelar.
Pues, oiga, yo quiero saberlo. Quiero saber quién se encarga de que este año hayamos conseguido 8 puntos. Que me digan quiénes son las personas y qué bagaje profesional y musical tienen para decidir quién va a Eurovisión y quién no. Si TVE fuera una empresa privada, ya haría tiempo que alguien se habría puesto las pilas, porque quien no consigue objetivos, se va a la calle.
Yo propondría un sistema muy sencillo, de al menos ocho personas, relacionadas con el mundo de la música y que conozcan bien Eurovisión, es decir, no me vale Rosa de España, que probablemente no haya visto Eurovisión desde que salió ella, o Lucía Pérez, que quedó en un puesto 23º. Desde luego metería a un eurofan, pero de los seguidores de verdad, ni fanas, ni histéricos, que pueda proporcionar una visión clara sobre qué necesita España para quedar arriba. También podría haber gente de casas de discos que valoraran las posibilidades de repercusión que la canción o el intérprete podrían tener en las listas de ventas tras el festival: de esa manera nos aseguraríamos de que el festival tendría una repercusión posterior y que cada vez más cantantes muestren su interés en participar en el certamen. Algún compositor o arreglista, gente que esté involucrada en grandes espectáculos, expertos musicales, mánagers, directores de proyectos de entretenimiento… No sería difícil encontrar gente así. Es cierto que aunque el prestigio del festival tocó fondo en 2008, hay que trabajar duro para levantar ese prestigio, y eso solo puede suceder si hay un grupo comprometido de personas y una dirección clara de dónde queremos ir.
El grupo tendría que ver varios festivales, analizar las claves del éxito de las canciones, qué buscar, qué evitar, con qué presupuesto se cuenta para una puesta en escena, cómo ofrecer Eurovisión a los potenciales cantantes (vendiéndolo como una posibilidad y no como una resignación)… Hoy en día con la revolución de las comunicaciones móviles no es tan difícil que un grupo se mantenga comunicado y las ideas se propongan según nacen. Esas ideas, tratadas en su justa medida, podrían resultar en una clave de éxito para la música española en Eurovisión.
Al final, se trata, como siempre de lo mismo: trabajo, ilusión, constancia, organización, innovación, saber rodearse de los mejores y, sobre todo, compromiso. Los ingredientes del éxito en cualquier proyecto.
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