En este momento en que todo el mundo va de cráneo con preselecciones, intérpretes desvelados, canciones que se filtran y noticias sobre Eurovisión, yo le voy a dedicar esta columna a AEV. Para eso soy el Presidente. Además, tengo una especial fobia a las preselecciones. No por lo que son en sí; reconozco que me encanta que los países puedan elegir entre varias canciones, y además, eso alimenta y vuelve emocionante a nuestro querido Lostfestivalen. Lo que no soporto es que el país en cuestión elija la que no debe. «Fel låt vann!», como dirían los suecos… Ahora, Suecia es otra historia, porque el Melodi me lo veo de cabo a rabo, incluido el Andra Chansen (siempre y cuando la pre española me lo permita, claro).
Total, que toda esta parafernalia para deciros que en mi columna de este mes voy a hablar de AEV y no de Eurovisión 2013. En particular, de cómo se hace uno de AEV y cómo vive esta experiencia al principio, en el medio y al final. Los casi 20 años que llevo en esta asociación me otorgan toda la sabiduría necesaria para compartir mis vivencias con vosotros. Además, este nuevo año que comienza ha traido consigo un buen número de socios nuevos, a los que les vendrá muy bien saber qué les espera. Supongo que muchos os veréis reflejados en las experiencias que aquí aparecen, y a otros os parecerán una verdadera chorrada, pero para eso están los comentarios y la página de Facebook: para que me critiquéis si queréis.
Me inscribí en AEV en 1994 al grito de: ¿¿Cómo?? ¿Que hay una asociación de seguidores de eurovisión? (el término «eurofan» no existía), ¡pero qué cosa más rara! (el término «friki» tampoco existía). Curiosamente la persona que me habló de ello era un amigo gallego con el que me carteaba, tras poner un anuncio en la Revista los 40 principales. El chaval me mandó el contacto de Juan Luis Ayllón (Alma máter de AEV durante muchos años) y nunca supe más de él. Hace un par de fines de semana, en la fiesta que AEV organizó en el pub Átame de Barcelona, alguien me preguntó: «¿Tú eres de Guadalajara?» «Sí», respondí al desconocido. «Ah», me dice «tú y yo nos carteábamos hace muchos años». Lo único que pude balbucear tras el shock tan grande que sufrí fue: «Hombre, mira por dónde tú eres el culpable de todo esto». Me encantó conocer por fin a Juan Carlos Bello, casi 20 años después, con quien me carteé sin conocer y a quien hoy agradezco de verdad que metiera a AEV en mi vida.
Por aquellas épocas compartía mi afición a Eurovisión con mi prima y con Víctor Escudero, a quien todos conocéis (otra amistad retomada). Les hablé de la asociación y alucinaron (el terminó «fliparon» no existía todavía). Casi nos apuntamos más por curiosidad que por otra cosa, pero sobre todo lo que necesitábamos era descubrir. Descubrir otros festivales, otras canciones y otras personas que compartieran nuestra afición. Así fuimos haciéndonos con el festival del 89 (teníamos solo desde el 90), luego el 88, el 87… y así íbamos bajando hasta llegar a los 70. Recuerdo que cada mes aproximadamente conocíamos uno nuevo, algunos incluso primero en cinta de audio y meses después nos llegaba el vídeo, que echaba por tierra toda las imágenes que en la cabeza nos habíamos formado de cantantes y escenarios. De repente nos llegaba una cinta con versiones de canciones antiguas que conocíamos antes incluso que el original. Nunca me cansaré de contar que descubrí la canción «Et bonjour a toi l’artiste» en su versión japonesa antes que en francés… Todo un shock. Qué queréis que os diga, Internet es una bendición, pero yo no cambio aquellos mágicos momentos por nada del mundo.
Enseguida empezamos a hacer cosas con la asociación. Siempre fuimos muy participativos, tanto Víctor como yo (mi prima no tanto). Primero asistíamos a aquellas quedadas en el Wendy’s a las que venían otros socios como José Luis Amo. Horas y horas hablando de Eurovisión… Con lo poco que sabíamos en aquellos entonces. También íbamos a grabar «La vida es un Festival» en Radio Rivas, el programa sobre Eurovisión más longevo y que ahora dirige Víctor tan fantásticamente. Eran épocas en las que el contacto entre socios se daba más a nivel local. No íbamos al Festival, ni teníamos página de Facebook, ni hacíamos fiestas en locales. Como mucho íbamos a casa de uno a ver un festival antiguo o una preselección que le había llegado en VHS… No obstante, había varias cosas que hacíamos entonces y seguimos haciendo, como participar en los festivales AEV o ir al congreso.
El primer festival en el que participamos Víctor y yo fue en el Cirkus 1995, representando a Islandia con la canción «Love is» de Vanessa William (la mala de «Betty la fea») y Brian McKnight (vamos, una americanada que ponían en Beverly Hills 90210, Sensación de vivir). Dios mío, qué tiempos. Hoy en día estaría prohibidísima. Conseguimos un fantástico 8ª lugar y un subidón de los buenos. La siguiente participación fue un pleno: primera victoria en el Festival AEV para Guadalajara. Lo curioso es que hoy en día lo recuerdo como algo que no nos costó apenas conseguir, sin embargo hoy literalmente mataría por volver a ganar el AEV… A esa victoria le siguieron dos más, un verdadero triplete al más puro Irlanda en los 90 y que nos convirtió en uno de los grupos temidos en los festivales. Luego llegaron Cirkus, Mediterráneos, el extinto La Mejor Canción del año e incluso algún Columbia.
Coleccionar la revista ha sido a lo largo de los años una verdadera pasión. Si bien al principio servía más de punto de encuentro que de fuente de información (porque la información, directamente, no existía), hoy en día se ha convertido en el símbolo de nuestra asociación. Yo he tenido Olevisiones grapados, encuadernados con canutillo, en blanco y negro, en color de impresora, en papel normal, en papel couché, fresadas… ¿Y por qué no tenerlo todo? Nuestro número 63 salió ya fresado, en papel cuché y a todo color. Cuántas horas he pasado, en casa, en el metro, en clase, en un bar leyendo la revista… Conociendo toda esa información que nadie más podía darme y que me hacía emocionarme, reír hasta desternillarme o simplemente soñar con asistir algún día al festival de Eurovisión. Hoy echo la vista atrás y me da un poco de nostalgia ver que la mayoría de los sueños que teníamos son hechos que hoy en día forman parte de nuestra vida normal.
No quiero extenderme mucho más, pero tengo que hablar de los congresos, factor clave de la «AEV experience». Creo que ningún año se me ha pasado por la cabeza perdérmelo. Es como decidir si uno come o no; no hay que decidirlo, se hace y punto, porque forma parte de la vida eurofan. Mi primer congreso fue en 1996 y ya he estado en 17 consecutivos. Con los recuerdos que tengo podría llenar un libro entero, pero con el que me quedo es con el de la gente que durante esos 17 años ha estado a mi lado. Gracias a todos por hacer posible «The AEV experience» y ojalá que pueda compartirla con muchos de vosotros muchos años más.
Comparte esto:
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Compartir en Reddit (Se abre en una ventana nueva) Reddit
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
- Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir

