Recordando el V Congreso AEV: Huelva 1996

luna_d'argentPilar Guijo /

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Barcelona, 1995

Barcelona 1995. Paris Tsoulfas y yo, bien vestidita de novia, habíamos hecho nuestra actuación: Apopse as vrethoume (Chipre 1989). Cuando nos estábamos cambiando de atuendo, volvimos al salón y, al abrir la puerta, un enorme aplauso irrumpió en la sala. Todo el mundo me daba la enhorabuena… ¡Huelva sería la sede del Congreso AEV 1996! Cuando presenté la candidatura sabía que en esos momentos estaba sola como socia, pero como me gusta preparar eventos, no tenía ningún tipo de temor al respecto, y la verdad, como había varias provincias, tampoco pensaba que fuese a salir la presentada por mí. Terminó el Congreso de la Ciudad Condal, y sin esperar, al día siguiente comencé a organizarlo todo.

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Tras el congreso, el hotel cambió su nombre en nuestro honor.

Primero… ¿dónde estaría situado y cuál sería nuestro “cuartel general”? Comencé a pedir presupuesto en todos los hoteles y, de entre ellos, el más idóneo fue el Hotel Tartessos. Como anécdota tengo que decir que tras el paso de la tropa eurofan luego se llamó Hotel Eurostars Tartessos (continúa llamándose así), parece que hicimos mella y le cambiaron el nombre.

Programé las actividades, entre las que estaban las habituales parodias en vídeo, también se vio el Festival que antes habíamos votado (salió elegido el de 1989), mediante unos impresos que envié a todos los asistentes, y hubo una novedad con respecto a los anteriores años y que se me fue ocurriendo sobre la marcha: una ruta por Huelva. La verdad es que dudé entre varias, pues tenía en mente las rutas de la Sierra (sería muy lejos), la del vino (no la vi apropiada por si a alguno no le agradaba), la de la playa (en diciembre, mal lo veía), y la que escogí fue la Colombina. Así que alquilé un autocar y allá que fuimos todos, rumbo hacia La Rábida, donde visitamos las tres carabelas, vimos una proyección y luego, al Monasterio. Ya cuando dio la hora, nos fuimos a comer. Cogimos el autocar de nuevo y nos trasladamos a Moguer, almorzando al lado del Convento de Santa Clara. Nos dio tiempo hasta de visitar la casa de Juan Ramón Jiménez.

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¡Temperaturas polares en Huelva!

También se realizó el II Concurso AEV de karaoke en un local fuera del hotel. Cuando ya tenía todo preparado, llegaron los ángeles, cuatro socios nuevos en Huelva: Pepe, Miguel, Francisco y Emilio. Nos reunimos en mi casa (fueron más socios andaluces) y colaboraron, aunque alguno no pudo asistir al Congreso. Pepe sería el encargado de llevarnos por Huelva, ya que una no era de mucho salir y no conocía los sitios.

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Un congreso inolvidable

Y cuando llegó el día… ¡qué nerviooos! Pero me encantó ver a todo el mundo, recoger a gente en las estaciones y disfrutar de todos ellos. Tuvimos, además, visitas extranjeras, de Portugal (Manuel Pinheiro) y hasta de ¡Finlandia! (Jari Koikkalainen y su mujer Marja). Curioso que en Huelva tenemos una temperatura muy buena todo el año, pero parece que nuestros amigos los fineses habían bajado aquellos días todo el frío de su tierra. ¡Estábamos helados! Pero eso no impidió pasarlo genial, aunque los que fuimos nos acordamos de que hubo un intruso que quiso que una servidora se viniese abajo, ¡y el poder de los Eurofans triunfó! Gracias a todos me animé muchísimo y no olvidaré dicho apoyo. Hoy aquello es agua pasada y una tontería más, pero aquellos días me molestó muchísimo.

Otra anécdota fue que aquellos días retransmitían El semáforo por la tele y sabíamos que nuestro compañero Jordi Pozo iba a actuar, y nos fuimos a la hora indicada a una habitación a verle. Siempre es bueno tener apoyo de los amigos.

Al final del Congreso, con mucho amor me regalaron una cosita que aún conservo: una conejita de peluche preciosa a la que puse de nombre Evridiki. Aún la conservo en perfecto estado y cada vez que la miro recuerdo aquellos momentos de ilusión y diversión, agradeciendo aún a todos los asistentes el ambiente tan bonito y cordial que vivimos.

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Asistentes al V Congreso AEV

Fue un año de preparación deseando que todo el mundo lo pasase lo mejor posible, y la verdad es que así fue, por lo que luego me fueron contando. Y es que cada vez que se va a un Congreso se pierde la noción del tiempo y todo es disfrutar. Personalmente, de todos a los que he asistido, me llevo un recuerdo imborrable de cada uno de los asistentes y del ambiente que se recrea.

Ahí quedó el V Congreso AEV, y este año, que será ya el XXII, con miembros antiguos, con otros nuevos, será igual o más bonito, o mejor dicho, más avanzado en tecnologías, porque bonitos son todos, no hay uno igual y todos nos dan algo nuevo y que nos deja huella. Y lo peor siempre es la despedida… ¡qué mal se pasaaa! Pero echamos la vista a lo vivido y… ¡qué demonios! ¡que nos quiten lo bailao!

Muchos besos de esta eurofan que siempre os quiere:

Pilar

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