Por la dignidad de la televisión pública

JacquesJacques /

Estos días, al hilo del cierre de Radiotelevisió Valenciana (RTVV), he oído y leído montones de babaridades demagógicas referidas a la televisión pública. Los argumentos esgrimidos se dirigían a la poca honestidad de los trabajadores: se lo merecen, por engañar a la población, por manipular los informativos, por seguirle el juego al Partido Popular (PP), etc. Pero ya se sabe que a los que más han denunciado en toda esta historia son los que han permanecido en la sombra, ocupándose de programas de medio ambiente, bricolaje y corte y confección en la segunda cadena.

Como espectador, más de lo que he despotricado yo contra la manipulación de la cadena pública valenciana, no creo que lo haya hecho nadie. Pero el perverso juego de los políticos consistente en curar una gripe matando al paciente me da que pensar, y mucho, sobre lo que quieren hacer los gobiernos conservadores con las televisiones públicas. Menos mal que (algunos) trabajadores de estos medios resisten heroicamente. Y si no, que se lo pregunten a los griegos que, aunque la Nea Democratia de Andonis Samaras les clausuró la ERT en junio, sus trabajadores siguieron emitiendo por streaming durante cinco meses más hasta que fueron desalojados por la policía hace unos días.

ERT

Otro tema que me aterra es la censura tácita al buque insignia de los servicios informativos de RTVE, Informe Semanal. El partido que manda, fiel a su máxima de anestesiar a la sociedad con programas de variedades y entretenimiento, ha defenestrado el veterano programa de reportajes al late night. No es obligación de una televisión pública cumplir con la audiencia ni montar programas de entretenimiento, su función debe ser informar y formar opinión desde la pluralidad, algo que desgraciadamente parece que muy poca gente recuerda, pero es la función primordial que cumplen televisiones públicas de prestigio en Europa como BBC o France Télévisions.

Si solo hubiéramos tenido televisiones privadas en Europa, un organismo como la Unión Europea de Radiodifusión (UER) no habría cumplido 63 años de existencia el pasado mes de febrero. Las televisiones públicas han hecho posible la UER y, por extensión, su Festival de Eurovisión. El paralelismo con América está claro: la Organización de la Televisión Iberoamericana (OTI) desapareció a la primera de cambio por estar compuesta por una red de televisiones mayoritariamente privadas cuyo capital no estaba para mantener una red audiovisual en el mundo iberoamericano que no generase suculentos ingresos. De haber sido mantenida por una red de emisoras públicas, quizás hoy no lamentaríamos que la OTI no sea más que una cutre página web.

Un proyecto europeo y europeísta como el Festival de Eurovisión, en sus años de vacas flacas no habría tenido cabida en la programación de un canal privado. O es que acaso TVE, si llega a ser una emisora privada, ¿habría participado ininterrumpidamente en Eurovisión? Actualmente es un programa que le da mucha audiencia, pero durante los años 80 me permito recordar que el festival fue una incomodidad para el ente, cuando era relegado a la segunda cadena y desprestigiado por sistema por la prensa española. A todos aquellos que atacan y desprestigian a la televisión pública me gustaría recordarles que sin ella, el Festival de Eurovisión no existiría. Por mucho que pensemos que Telecinco no le haría ascos, en el momento en el que flojeara de audiencia, lo enterraría sin piedad. Y a otra cosa.

canal9

En convulsos tiempos de crisis como los que vivimos, necesitamos medios públicos, libres y de calidad. También necesitamos medios privados que entretengan y anestesien a la población que lo desee y la tarea de los gobiernos es garantizar la diversidad en el mercado audiovisual y la protección de las minorías. Por todo ello, vuelvo al tema con el que he comenzado mi columna y me solidarizo con todos los trabajadores de la televisión pública valenciana, con todos, con los que tuvieron estómago y denunciaron la manipulación y la instrumentalización que hizo el PP y con aquellos que durante años, callaron y jalearon a políticos pringados hasta las cejas de corrupción. Todo esto nos tiene que enseñar que la televisión pública tiene la misión de servir a los ciudadanos, no de crear súbditos alienados que les permitan a los políticos hacer con los fondos públicos cuanto les venga en gana.

Per una televisió pública, en valencià i de qualitat: RTVV no es tanca.

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