Los ancianos y los niños primero

Jacques

Si algo recuerdo del Festival de Eurovisión 1989 fue la incomodidad que sentía el comentarista español ante la participación de “niños” representando a Israel y Francia. La verdad es que daba ganas de no votar ni por uno ni por otra. Y si esa incomodidad fue transmitida igual por el resto de comentaristas, no me extraña que quedasen en un discreto 12º y 8º puesto respectivamente. Dijo Tomás Fernando Flores que tenía miedo de que los jurados confundieran la ternura y el candor infantil con calidad musical. Parecía entonces que la fecha de nacimiento de un cantante era usada como un reclamo para obtener más votos.

En 1990 se aprobó la norma de limitar la participación de artistas en el festival a mayores de 16 años, una regla que nadie se molestó en cuestionar y que a lo tonto ya lleva 22 años de aplicación. Si esa normativa hubiera existido en los comienzos del festival, nos hubiéramos quedado sin conocer a Vicky Leandros en 1967, a Jean Jacques en 1969 o a Sandra Kim en 1986. Incluso el Festival de la OTI se perdió la participación de la mismísima Shakira en 1992 porque la colombiana tenía 15 añitos. Lo que está claro es que el talento no emerge a los 16 años por arte de magia, pero aquí deberíamos analizar hasta qué punto la actuación de un cantante menor es la actuación de un artista y no la de un niño.

En cambio, al lado de países que seleccionaron a menores de 16 años por su talento hay que hablar de países que usaron la minoría de edad como un pretexto para enternecer a los jurados y lograr más votos. Buena prueba de ello es el coro de niños que acompañó a Betty Missiego en 1979, el grupo Caramelos, que presentó una escenografía en Jerusalén en la que se buscó el voto de los no entendidos en música. Algo parecido pretendió hacer Dinamarca con el grupo Hot Eyes en 1985, aderezando el conjunto con una traviesa niña de 9 años, pero le salió el tiro por la culata. Ante aquellos usos caprichosos de niños, la UER tomó cartas en el asunto haciendo tabula rasa y negando la posibilidad de participar a los menores de 16 años.

Pero parece que últimamente hay personas elegidas para Eurovisión por su edad y por su candor y ternura: se trata de los ancianos eurovisivos. A nadie se le escapa que Croacia en 2008 sacó al abuelo Ladislav ‘Laci’ Demeterffy como un animal de feria para llamar la atención del público. ¿Hasta qué punto es lícito que una delegación emplee a un señor mayor como complemento a su canción? ¿Qué tenemos que decir de la participación de las venerables abuelitas cocineras Buranovskiye Babushki? También el grupo Zdob si zdub explotó a la abuela Bunika en el año 2005, aunque en este caso Lidia Bejenaru era una actriz que solo tenía 53 años, pero estoy seguro de que para la audiencia pasó por ser mucho más mayor y una música tan difícil como la del grupo moldavo alcanzó gracias a ella el segundo puesto en la semifinal y el sexto en la final.

Y al tanto con la participación de Humperdinck (76 años), último para el jurado de expertos, o con el disgusto que se ha llevado hace poco Lys Assia (88 años) por ser apeada de la preselección suiza. ¿Qué necesidad tienen estos veteranos de guerra de demostrar que son estrellas en una competición? Creo que tienen poco que ganar y mucho que perder, pues subirse a un escenario del calibre de Eurovisión ante una multitud enfervorecida con algunas facultades menguadas por la edad no les permite estar en igualdad de condiciones con el resto de participantes. A estas alturas de su vida están por encima del bien y del mal y lo peor de todo es que su participación en Eurovisión pude ser manipulada por los detractores del concurso.

Me da mucha pena que haya productores y compositores que busquen audiencia e ingresos a costa de exprimir comercialmente a ancianos, y para muestra el numerito ruso en Bakú el pasado mes de mayo. Al eurofan estándar le da igual, pero ¿os habéis parado a pensar en la que se montaría en España si un productor sin escrúpulos, amiguito del director general de TVE de turno, se empeñara en llevar a Conchita Bautista por tercera vez a Eurovisión? En esa situación sí que nos rasgaríamos las vestiduras, pero no tendríamos razón por asistir de manera cómplice a estos excesos de edad y no denunciarlo ahora que el agua nos llega por las rodillas.

¿Debería la UER poner una edad máxima para participar en Eurovisión? Lo suyo sería decir que no, pero conociendo a las distintas televisiones que participan en el festival, me reconcome por dentro la falta de ética que tienen muchas de ellas. Lo peor podría estar por llegar: imaginad que entramos próximamente en una guerra por batir el récord de edad en el festival o por llevar a un centenario a Eurovisión. ¿Qué pasaría? ¿Dónde quedaría la credibilidad musical de Eurovisión? Sé que muchos diréis que sería injusto privar a un anciano con cualidades vocales e interpretativas de pasar por Eurovisión y tendréis razón, pero si algo nos han enseñado 57 años de festival es que no poner normas fomenta una enorme cantidad de transgresiones que repercuten negativamente en el certamen.

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