La esencia de Eurovisión

carlosCarlos Quiles

Cuando escribo esta columna, quedan justo tres semanas para la gran final de Eurovisión 2013 y para volver a escuchar frases como “24 países en concurso”, “The show begins” o “Vous ne puvez pas voter pour votre pays”. 26 países clasificados de los 39 que participan, serán los que este año sufran la alegría y el encanto de la victoria o la hiel y el amargo sabor de la derrota.

Como ya he comentado en columnas anteriores hay muchas cosas de este festival que me gustan. Uno, que se diga que vamos a volver a los orígenes, a ver un Eurovisión más tradicional, más pegado a la finalidad con la que nació Eurovisión,. que fue para que esa noche todas las familias y grupos de amigos se reúnan para ver el festival y así intercambiar sus opiniones, votar por sus favoritas y pasar toda la noche hablando de Eurovisión. En este aspecto, creo que empezamos bien si países como Islandia, Croacia, Italia, Estonia, Chipre, Francia y Albania deciden cantar en su idioma sin doblegarse a cantar en inglés. Me parece un buen comienzo para retornar a ese sabor que antaño tenía el festival.

Por otra parte, el hecho de que como ya comenté en mi anterior columna el festival no tenga in claro favorito y puedan ser varias la candidatas al triunfo le da una emoción añadida que no tuvimos en el festival del año pasado. Es verdad, que tanto las apuestas como los gustos de los eurofans dan como favorita a Dinamarca pero creo que otros países favoritos como Rusia, Ucrania, Italia, Alemania y Suecia darán mucha guerra y no se lo pondrán nada fácil al país de la sirenita. Este año al no existir una Loreen ni un Euphoria todo puede ocurrir y podríamos volver a esos emocionantes años tipo 1998 o 2003 donde nada estaba decidido hasta las últimas votaciones.

Aunque debería ser objetivo no puedo evitar manifestar mi gusto este año por canciones “diferentes” como Holanda y Francia y por las preciosas baladas de Italia, Ucrania, Rusia, Chipre y San Marino. Creo que cada una en su estilo hará un buen papel en Malmö pasen o no a la final. Lo mejor de todo, es que podemos conseguir esa conjunción perfecta entre esos temas bailables como Finlandia, Alemania y Eslovenia que muchos ya estarán practicando su coreografía correspondiente para bailarlos en el Euroclub y esas baladas tiernas y románticas que nos enternecen el corazón y nos ponen los pelos de punta mientras el o la cantante de turno se desgañita en gorgoritos y en expresión corporal para que nos levantemos de la silla a aplaudirles una vez hayan finalizado su número. Luego, hay canciones que seguramente se queden en tierra de nadie, pero que intentarán hacer un papel digno aunque sus posibilidades sean escasas. Una cosa, es que sea un festival abierto y donde cualquier cosa puede pasar y otra es que creamos que Letonia, Hungría o Croacia tienen posibilidades de clasificarse para la final. Ojo, no digo que sean malas y seguro que tendrán un gran número de fans que les votarán masivamente pero creo que lo tienen complicado para pasar, viendo su trayectoria de los últimos años.

Yo creo que independientemente de los gustos que cada uno tengamos y de que muchos nos aferremos a que queremos ver a Alemania, Dinamarca o a Ucrania recogiendo el trofeo de vencedor, no debemos olvidar la esencia ni el motivo para el que se creó el Festival de Eurovisión. A día de hoy, es el único certamen en el que se consigue unir a toda Europa durante una noche y bajo el paraguas del amor a la cultura musical más allá de diferencias culturales, sociales o políticas. Aunque unos años nos parezcan mejor que otros en cuanto a canciones, puestas en escena, cantantes, etc…no debemos olvidar el enorme esfuerzo que supone todo el proceso previo a la celebración de la final de Eurovisión tanto para el país organizador como para los países participantes. Si ya para muchos de nosotros, que solo vamos como espectadores nos causa estrés el organizar el viaje previo al festival y luego preparar toda la jornada eurovisiva una vez en el país, todos aquellos intérpretes que se van a ver sometidos al ojo público durante varios meses, deben estar atacados y no hay que olvidar que si para nosotros es un entretenimiento, para muchos de los cantantes participantes puede suponer un lanzamiento de su carrera musical, una manera de conocerse fuera de sus fronteras (como le ha pasado a Pastora Soler) o una manera de poner a prueba el reconocimiento de un cantante como es el caso de Bonnie Tyler.

Al fin y al cabo y como indico en mi columna, eso es lo esencial de Eurovisión. El amor a la música, el hermanamiento entre países, el entendimiento también entre eurofans y porque no, también una semana de diversión, alegría, locura y desenfreno son los pilares que tienen que marcar al festival de Eurovisión. Para muchos, es parte de nuestra vida, y como tal, debemos amarlo y respetarlo aunque a veces, hayan cosas de él, que no nos gusten o que desearíamos que fuera diferente. Por parte de los eurofans españoles, somos muchos los que sufrimos año tras año, con nuestros representantes y con el trato que RTVE le da al festival, pero creo también que en comparación con eurofans de otros países, somos los que más disfrutamos, los que más nos dejamos la piel escribiendo sobre él, opinando sobre las canciones, las puestas en escena, el vestuario, la organización etc…y siempre que eso se haga con respeto y tolerancia, estaremos viviendo la verdadera esencia del festival de Erurovisión. Cuando solo quedan tres semanas, llega la hora de irnos preparando para esta gran cita. Solo me queda decir, que la disfruten y después del festival, llegará la hora de intercambiar impresiones. Aludiendo al lema de este año “We are one”. Pues eso, “nosotros somos uno” 🙂

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