Este verano he combatido los calores estivales con el libro Revisitando los 80, de Miguel Herrero (Diábolo Ediciones). Se trata de un ameno y completo repaso a la historia de la televisión (bueno, de TVE, la única que había) a lo largo de los años 80. Supongo que los que andéis metidos en páginas nostálgicas conoceréis al autor por sus intervenciones en varios programas de TV y por bucear en el pasado con muchísima información. Así que no puedo dejar de recomendaros la lectura del libro porque mantiene el nivel que se espera de alguien tan bien documentado.
Revisitando los 80 antologa montones de programas y series de los que en su momento fui un entusiasta seguidor y que integraban el día a día de un peque de los 80. Yo también coleccioné cromos de series como D’Artacan o Dragones y mazmorras, revistas como Teleindiscreta o TP con David Hasselhoff o Jane Wymann en portada, juegos de mesa como La carrera del Chollo y demás trastos de desván como los chinitos de la suerte, Naranjito o los muñecos de José Luis Moreno. Todo ese merchandising, para bien o para mal, sirvió para educar a los eurofans de los 80 en la cultura del consumismo. La necesidad de ir al quiosco de la esquina y comprar los pastelitos, el juguetito o la revista de turno, crió a una generación Diógenes de la que soy un caso de manual.

Ahora bien, los eurofans de los 80 chocamos claramente con los eurofans post-Operación Triunfo. No es que choquemos en plan que nos llevemos mal, sino en que hoy en día las cosas no son como hace 30 años. Me explico. Los eurofans de los 80 oíamos hablar de Eurovisión durante tres horas al año y, con un poco de suerte, en los días anteriores cazabas los videoclips emitidos por TVE-2 si el tenis o el baloncesto lo permitían. La prensa publicaba tres líneas para decir quien era el representante español y, en ocasiones, se equivocaban. Recuerdo que en marzo de 1993 el diario Información de Alicante anunció que la canción española se titulaba Toros y era una composición de Carlos Hombre…
La generación actual ya se ha encontrado con la revolución tecnológica hecha y con todo colgado en internet: festivales completos, canciones eurovisivas en versión estudio, versiones en todas las lenguas imaginables, etc. Esta generación lo tiene todo a golpe de clic y afronta el festival absorbiendo informaciones que publican las webs sin necesidad de escarbar entre publicaciones de información general tijera en mano o de estar ojo avizor a la emisión de videoclips en TVE. La de hoy es la selva del consumo inmediato on line: hay mucha información a muchos meses vista del festival, es fácil conocer a eurofans con quienes intercambiar impresiones sin salir del ordenador y almacenar merchandising que guarde relación con el festival no tiene mucho sentido.

La generación de los 80 por inercia compramos los CD o DVD del festival de Eurovisión en cuanto salen. Tenemos la necesidad de poseer el material original del festival de la UER y de ver y revisar todas y cada una de las ediciones. Creo que no nos entra en la cabeza usar el Youtube para ver festivales anteriores. Aparte de visionar los festivales en nuestro televisor, también queremos tocar las carátulas, recrearnos con las fotos oficiales de los intérpretes, leer sobre el papel el nombre de los compositores y mantener ordenados los festivales en la estantería.
Y coleccionar. La crisis ha hecho que muchas televisiones acudan a la sede del festival sin sus consabidos CD promocionales, pero hasta no hace mucho, los eurofans de los 80 echábamos mano de todos nuestros contactos para reunir los singles de todos los países participantes. Cuando solo había una gala, el objetivo del eurofan ochentero era conseguir 24 o 25 singles, aunque se dejase el presupuesto de un año. Luego, con la diversificación del festival, aquello se convirtió en misión imposible que desanimó a más de uno. Yo puedo decir que nunca logré reunir todos los singles de alguna edición del festival, y eso que empecé mi particular periplo coleccionista a mediados de los 90 y me planteé remontarme hasta las primeras ediciones del festival. Pero conozco casos que demuestran que sí era posible.
¿Merchandising? ¿Coleccionismo? Supongo que a un eurofan de la nueva hornada, para quien Rosa o Beth son recuerdos de infancia, estas cosas no le dirán nada. Tampoco seré yo quien reivindique la vuelta a un mundo sin internet y con TVE ocultando el festival, pero sí que tengo que decir que he sentido una cierta nostalgia estos días revisitando la década de los 80, aquellos años en los que todo lo que salía en TVE era motivo de conversación al día siguiente. Aunque claro, con los pies en el suelo, no puedo dejar de alegrarme por todo lo que hemos cambiado. Que buena falta hacía.
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