Un poquito de dignidad

Jacques

El programa musical La voz parece que se ha convertido en la estrella musical de la temporada. Y no solo porque nos ha permitido reencontrarnos con quasi eurovisivas como Mirela o Anael, sino porque nos ha permitido ver a números uno de este país haciendo algo más que cantar. Malú, Rosario, Melendi y David Bisbal contribuyen al show como coachers, contertulios, jurados y copresentadores de un casting en directo al que, sinceramente, no le veo la gracia. Pero parece que el resto de los espectadores sí, que este es el modelo musical que gusta a la audiencia y que reproduce el esquema de Número 1 y Tu cara me suena, otros éxitos televisivos y musicales que arrasaron la pasada temporada. La gente quiere carnaza aunque las canciones que interpreten los concursantes no sean de estreno: disfrutar de la música y también ver quien se equivoca cantando, quien es subido a los altares y quien demonizado por los jurados de turno, etc.

Por esta regla de tres, no me explico cómo no gustó entre la audiencia aquel desaguisado llamado Destino Eurovisión que sirvió en 2011 para elegir al representante español en Düsseldorf. Hubo canciones conservadas en formol, ilustres desconocidos actuando, morbo a raudales eliminando a un concursante de cada tres y entre los coachers figuró el histriónico Boris Izaguirre. No anduvo Gestmusic tan desencaminado cuando nos propuso una preselección que yo pensé que no tenía ni pies ni cabeza, pero que en realidad es lo que la audiencia busca. Y a juzgar por la apasionada entrega de Bustamante, Ana Torroja, Sergio Dalma, Miguel Bosé o Mónica Naranjo a programas similares, parece que es el tipo de programas que le va a nuestros artistas. A Rosario le preguntaron hace unos meses si le gustaría ir a Eurovisión y declaró que no iría aunque se lo propusieran y que prefiere seguir diseñando vasos de Nocilla. Sergio Dalma, dos cuartos de lo mismo: piensa que es un concurso sin trascendencia al que habría que dejar de acudir.

Es sorprendente que tantas figuras de la música española no tengan reparos en sumarse a cutres programas musicales que buscan descaradamente la audiencia fácil y que luego denosten el Festival de Eurovisión. Un festival al que etiquetan de friki, politizado e intrascendente, pero que este año ha sido capaz de congregar a más de 6,5 millones de espectadores, que han estado pendientes de la actuación de Pastora Soler en Bakú. Allí, la de Coria del Río ha cantado una canción propia, algo que Melendi, Bustamante, Francisco o Toñi Salazar no han hecho en ninguno de los realities donde han tomado parte. Estos artistas han tenido que juzgar, discutir y hasta travestirse por el bien de la audiencia y de sus carreras. ¿Es más digno estar apretando un champiñón en La voz que acudir a Malmö? ¿Qué le habrá aportado más a la carrera musical de Daniel Diges, Eurovisión 2010 o travestirse de Whitney Houston en Tu cara me suena?

Me preocupa que ninguna cadena de televisión en España, pública o privada, me da igual, sea capaz de crear un programa musical de calidad donde los artistas veteranos canten en directo y donde las canciones sean estrenos y no refritos. Sí, ya sé que muchos pensáis en un Melodifestivalen y otras ejemplares producciones musicales de países nórdicos. No creo que sea necesario hacer este tipo de programas con el fin mismo de Eurovisión, pero tal vez, por la dignidad de la música en Televisión, alguna cadena debería dar el primer paso de programar un espacio musical donde los artistas canten en directo canciones de estreno, donde toda la tecnología esté a su servicio y en el que puedan manifestarse libremente como artistas sin interpretar ningún papel preestablecido. Un poquito de dignidad.

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